Resumen de Prensa
16/07/2007
UIAF colombiana alerta que las clásicas tipologías
de lavado tienen nuevas variantes (Lavadodinero.com)
A pesar de que los países se esfuerzan por clasificar las
diferentes formas de lavar dinero en tipologías, el avance
de las técnicas y la sofisticación de los métodos
avanzan tan rápido que constantemente se van creando variantes
a los métodos clásicos. Oficiales de cumplimiento,
autoridades y reguladores deben actualizarse frecuentemente.
La Unidad de Inteligencia y Análisis Financiero (UIAF) publicó
en el 2004 un documento en el que explicaba las nuevas tipologías
de lavado y donde ofrecía recomendaciones para que las instituciones
minimizaran el riesgo de ser utilizadas en operaciones de lavado
o financiación del terrorismo.
Tres años después, los reguladores y las autoridades
colombianas han detectado nuevas variantes de esas tipologías
que les han obligado a actualizarse nuevamente y a ponerlas en conocimiento
de todos.
Según Luís Eduardo Daza, subdirector operativo de
la UIAF “nuestro trabajo diario y las últimas investigaciones
nos han llevado a detectar que hay nuevas formas de lavar dinero
en Colombia que están ganando popularidad y que son realmente
cada vez más difíciles de detectar”.
Exportaciones ficticias de servicios de difícil cuantificación
La novedad de esta tipología es que han aparecido nuevas
variantes con bienes tangibles. Por ejemplo, la exportación
de esmeraldas ha estado involucrada en casos porque su valor es
de difícil cuantificación. “Hay muy pocas personas
que puedan cuestionar la valoración de una esmeralda y desde
luego aún menos las autoridades aduaneras o los reguladores,
por lo que es un recurso que se presta bastante para lavar”.
El método clásico, identificado en el 2004, trata
de contratar por parte del lavador, los servicios de una empresa
externa que se encuentra en otro país. El servicio puede
ser real o ficticio, lo importante es que se trata de un servicio
intangible que se puede pagar con dinero negro. Para llevarlo a
cabo, se necesita la complicidad de la empresa de servicios. Como
cualquier individuo, el lavador puede contratar los servicios de
otra empresa del exterior, y acordar el tipo de pago, lo cual hace
muy difícil detectar la operación de lavado.
Según Daza, “en este caso, uno puede ponerle el precio
que quiera a los servicios prestados sin contrato e incluso pagarle
en negro y mover el dinero de un país a otro sin que una
autoridad pueda cuestionar el coste del trabajo realizado”.
Esta metodología se descubrió a raíz de la
investigación de una empresa asiática que contrató
a un colombiano para que les asesorara en operaciones de bolsa.
Cuando la UIAF indagó sobre el caso, el colombiano dijo que
el dinero provenía del exterior por unos servicios prestados.
Pero la Unidad detectó varias irregularidades que hicieron
sospechar, como que el dinero se movía de forma fraccionada
con montos pequeños o que los servicios prestados eran para
asesorar una compañía asiática.
“Hay que observar la forma en la que se pagan los servicios,
si se establece un servicio con un país que tenga poca relación
con el servicio, qué tipo de servicio se ofrece y si tiene
alguna lógica con la empresa que los solicita, mirar la formalización
del contrato si existe y si hay forma de documentarlo o no”,
dijo Daza.
Utilización de empresas pantalla para financiación
del terrorismo
En este caso ha habido poca variación del método
pero lo que sí ha cambiado desde el 2004 es que en diciembre
de 2006, Colombia aprobó la tipificación de la financiación
del terrorismo mediante la aprobación de la ley 1121/06.
“Lo importante de esta metodología es que finalmente
en Colombia se tipificó la financiación del terrorismo
y a partir de ahora este tipo de empresas van a estar más
bajo la mirada de la UIAF, de los reguladores, de las autoridades
y vamos a tener más armas para poder investigarlas”,
dijo Daza.
La UIAF en su estudio identificó a dos grupos de empresas
que las organizaciones creaban para llevar a cabo sus acciones.
El primero son financieras pantalla que suministran el movimiento
de dinero entre las células terroristas. El segundo grupo
son empresas de logística pantalla como supermercados o farmacias,
que distribuyen bienes, medicamentos, etc. para los terroristas.
Según Daza, “la dificultad de la detección
de este método es que algunos de los negocios todavía
no están bien regulados por la legislación colombiana
como el de los giros locales, las estaciones de servicios o el transporte
intermunicipal, lo que ayuda a facilitar el lavado y financiación
del terrorismo porque no existen grandes controles sobre ellos”.
Uno de los ejemplos de este caso es un supermercado colombiano
que vendía víveres y en el cual se detectaron operaciones
sospechosas por el gran incremento de ventas que se produjo en poco
tiempo en una zona donde no había justificación para
ese aumento. “A pesar de que no pudimos demostrar la ilegalidad
del negocio por la dificultad de reunir pruebas, sabíamos
que los productos vendidos se utilizaban para suministrar víveres
a los integrantes de las organizaciones terroristas”, dijo
Daza.
Declaración de un premio ficticio obtenido en el exterior
Este método comporta el viaje de colombianos a otros países
para participar en eventos deportivos o culturales ficticios para
poder lavar dinero. Normalmente son organizaciones de narcotraficantes
que participan en estos eventos con organizadores cómplices.
Tras la supuesta competencia, el ganador se lleva un premio que
puede ser en efectivo y lo introduce en el mercado financiero legal
bajo una justificación coherente.
En Colombia se produjeron varios casos de personas que entraron
al país con premios en efectivo o en bienes. En una ocasión,
varios lavadores entraron con vehículos comprados con dinero
del narcotráfico diciendo que provenían del premio
de un concurso. En ese caso, una de las señales que despertó
sospechas fue que la persona declaró el vehículo ganado
al entrarlo en el país pero lo puso a nombre de otra persona.
En otra ocasión, la persona que entraba con dinero al país
dudó al dar explicaciones sobre el concurso en el que había
ganado el premio.
“Hay que llamar la atención de las autoridades aduaneras
para que tengan en cuenta este tipo de fraudes y siempre actuar
con lógica entre la actividad de la persona y el premio otorgado”,
dijo Daza.
Colombia exige declarar en las aduanas cualquier transporte de
efectivo superior a US$10,000 pero según Daza, “la
dificultad del tema está en que si entran varias personas
con una cantidad menor que esa cantidad es imposible detectarlo
y ahí es donde los lavadores más aprovechan”.
Según la UIAF, por más variantes que sigan apareciendo
de las tipologías clásicas, lo más importante
para combatirlas es divulgar constantemente los últimos métodos
de lavado; estar actualizados; fomentar la cultura antilavado entre
los profesionales; sugerir la adopción de buenas prácticas;
y establecer un conjunto de señales de alerta para facilitar
la detección de operaciones sospechosas.
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